Un panel en torno a metodologías feministas latinoamericanas reunió a estudiantes, investigadores y a la comunidad, en el marco del cierre del segundo Ciclo de Clases Abiertas 2025. La discusión fue liderada por las investigadoras, Francisca Rodó (CIELO/Universidad Santo Tomás) y Sandra Vera (Universidad Alberto Hurtado).
La actividad, realizada el 11 de julio, formó parte del Electivo. Feminismos latinoamericanos y metodologías de investigación, impartido en el programa por las académicas Débora de Fina González y Yanina Gutiérrez Valdés.
Los objetivos del panel fueron reflexionar colectivamente sobre distintos aspectos y aportes de las metodologías feministas en la investigación de ciencias sociales y humanidades.

La importancia de la etnografía colaborativa con perspectiva de género
Para la doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Guanajuato (México), Francisca Rodó, es importante situarse desde una mirada decolonial del género al momento de realizar una investigación: “como investigadora me sitúo desde los feminismos decoloniales. Lo que implica considerar que el acercamiento -las formas de mirar y conversar- reconoce la herencia del sistema moderno-colonial de género. El carácter de lo subhumano, la valoración de la vida sobre procesos de jerarquización que determinan que vidas (humanas y no humanas) son más importantes que otras”.
Desde una investigación etnográfica, la investigadora resalta su experiencia trabajando en terreno con mujeres agrícolas dando cuenta de la imbricación entre capitalismo, colonialidad y patriarcado: “las mujeres asalariadas agrícolas invitan desde sus vivencias a observar las condiciones de infravaloración, la agroindustria, la irregularidad como condición humana y los territorios periurbanos. Resaltan las dinámicas de desposesión y despojo”. Profundiza la dimensión de desigualdad de género en las prácticas rurales, afirmando que “para el caso de las mujeres campesinas, las relaciones de género en el territorio y el agro-extractivismo tensan las posibilidades de sostener la vida en los territorios rurales dando cuenta de sus estrategias”.
En este sentido, desde la visión de la experta, la etnografía colaborativa se plantea desde un posicionamiento que rompe la visión tradicional, muchas veces lineal, de la investigación. Pensada en marco teórico, metodología, técnicas, análisis y levantamiento de resultados: “se construye bajo una lógica de pertenencia territorial, ¿qué necesitan los colectivos en los territorios que habitan?, ¿cuáles son esas formas de habitabilidad que resaltan resistencias, redes, ensamblajes multi especie? De esta manera, la investigación hila a través del diálogo compartido, -son las mujeres las que deciden qué o cómo construir la investigación-. Como investigadora, implica descentrarnos para acercarnos y tejer puentes en común”.

Metodologías feministas en las ciencias sociales
Rodó da cuenta que las metodologías de carácter feminista permite acercarse a los fenómenos examinados por las ciencias sociales desde otras inquietudes e interrogantes: “la importancia de pensar desde Abya Yala (América Latina) es justamente reconocer la herencia imbricada que ha traído el sistema moderno colonial de género, que se fortalece mediante clasificaciones binarias que aún consideran la raza, la clase social, la etnicidad, entre otros”.
“Nosotras, como investigadoras, desestabilizamos la neutralidad ficticia de las ciencias sociales. Los feminismos han fortalecido las formas de comprender relaciones de poder y opresión que se tejen dentro del sistema sexo/género, pero por sobre todo, han sido capaces de cuestionar el androcentrismo, el antropocentrismo considerando formas de morir y vivir bien que han sido silenciadas, bajo un proceso de dominación/explotación que es masculino”, señala la experta.
De esta forma, la amplificación de las visiones feministas decoloniales es a su vez una forma de entregar espacio para cuestionar la unidad de mujeres y el diálogo entre estos grupos, cuestionando las distintas posiciones de privilegio, observando una matriz de imbricación de opresiones como raza, clase social, la etnia o el territorio. Configurando otras formas de dominación que, desde la mirada de Rodó, muchas veces la propia agenda del feminismo solapa también. Esto conlleva una responsabilidad ética y política, que en el caso de la investigación, conlleva a que sean las propias mujeres quienes decidan la construir de la metodología feminista.
Finalmente, las investigadoras aprecian la instancia de clases abiertas que permiten amplificar este tipo de discusiones a comunidades tanto universitarias como externas: “estas instancias permiten el intercambio, el diálogo, la escucha atenta. Como investigadoras no traemos recetarios, sino posibles caminos para acercarnos a los territorios, a las mujeres en mi caso. Creo que buscamos construir posibilidades y, aquellas son y pueden ser, en espacios de intercambio donde tengamos oportunidades de volver a descentrarnos. Que sea una actividad abierta permite que distintas inquietudes fluyan, que el diálogo resalte por sobre las interpelaciones. A veces construir etnografías colaborativas más creativas conlleva implícita una tensión, porque te saca de lo acostumbrado”.
Francisca Rodó concluye esperanzada, invitando a ampliar cada vez más estos espacios de reflexión a otras formas de sentir-pensar: “mi invitación es que, así como abrimos estos espacios de diálogo, podamos ser capaces de situarnos dentro de un entendimiento que invite a otras formas de observar y comprender la realidad social”.



